A Boy Named

A Boy Named

Ana Segovia

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A Boy Named Sue, canción de Johnny Cash, cuenta la historia de un hombre que necesita demostrar su hombría para contrarrestar el peso que carga por tener un nombre de mujer. La historia no es más que la representación patética (en su acepción de sensible o conmovedor) de la necesidad del hombre, o mejor dicho del ser humano, por construir una identidad y a través de ella pertenecer.

Lejos de discursos teóricos, la esencia de la obra de Ana Segovia (México, 1991) es la investigación de la pintura como medio y sus posibilidades narrativas. El potencial de la imagen creada le permite explorar las ficciones personales y colectivas inmanentes en la búsqueda de la identidad, así como las performatividades que ésta conlleva. A través de referencias cinematográficas, literarias, y pictóricas la artista representa su realidad de una manera oblicua, codificando sus deseos y fantasías.

La utilización deliberada y evidente de influencias pictóricas – que incluyen a David Hockney, Dana Shutz, Nicole Eisenman, entre otros – es una búsqueda por generar un diálogo con la pintura contemporánea, por explorar los caminos que otros ya han pasado, por hacer suyo aquello que encuentra en el otro. Así la obra opera como un campo de posicionamiento, a través del cual la artista se permite ser.

La representación reiterada de arquetipos masculinos es un intento por mostrar la artificialidad con la que son tratadas ciertas identidades, principalmente en el cine. Estereotipados, el vaquero o el rockero, son representados como el ideal masculino -fuerte, viril y seguro de sí mismo. Sin embargo, sus actitudes están siempre mediadas por un discurso hegemónico que establece cómo se debe habitar tal o cual identidad. ¿Es inevitable la performatividad en la búsqueda de cualquier identidad? ¿Hasta qué punto hemos naturalizado estos discursos? ¿Somos conscientes de ello?

La exploración pictórica le permite jugar con los espacios, objetos y perspectivas, a través de los cuales genera tensiones formales que tienen una correspondencia psicológica. Más allá de buscar una ilusión de realidad, los espacios creados por Segovia pretenden generar una sensación de extrañeza en el espectador, misma que percibe la artista ante la mirada ajena. De igual manera, los personajes creados son la representación del conflicto entre las expectativas -propias y externas-  generadas entorno a su cuerpo. ¿Es su obra una forma de representar la negociación entre las ideas hegemónicas de género y sus propios deseos?

Consiente de la imposibilidad de ser un vaquero (o no…), Segovia utiliza la pintura para crear ese tiempo y espacio donde puede explorar todas las posibilidades de ser. Finalmente, el mundo de la representación es el mundo de la imaginación.

Andrea Bustillos Duhart

Curadora