Transcapes – Allan Villavicencio

En 2009 se presentó en esta sede[1] la exposición Intervención 001, Academia 14. Doce artistas intervinieron la casa con obras que, como bien apunta Cuauhtémoc Medina en el texto que le dedicó a la muestra, exploraban las modalidades de lo pictórico difiriendo de la supuesta ortodoxia. Hace once años, la pintura se percibía como un medio “en relativa decadencia”. La exposición, sin embargo, tuvo resultados positivos gracias a la seriedad de su planteamiento. Hoy las circunstancias son otras, tanto para la pintura como para la escena artística de la ciudad.

Es en este contexto que Allan Villavicencio plantea una experiencia pictórica para transitar una crónica del paisaje interior, sentida desde la mirada y desde el cuerpo. Transcapes pone en juego elementos de su práctica reciente, ahora en una intervención de carácter permanente. Las características del espacio han sido abordadas a partir de la tensión que se crea entre los dos muros principales, unidos por los desgarros laterales y los ecos cromáticos en la viguería que los une. No se trata aquí de un recorrido inmersivo[2], si no de habitar entre dos mundos que se proyectan, que escapan hacia puntos cardinales opuestos. Los símbolos utilizados, no siguen un orden religioso o una ideología.  Más bien retoman lo chamánico, no en sus intenciones, pero si en sus maneras. Lo mismo sucede con el color. Ambos han sido activados de manera intuitiva, alejados de conocimientos racionales o teorías cromáticas.

En la zona se encuentran sitios de profundo interés cultural, muchos de los cuales pudieron haber servido de influencia para este proyecto. Pintura mural prehispánica, colonial y moderna se pueden consultar a unos pasos. Son, sin embargo, las imágenes huicholes (vistas en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo[3] al tiempo que se realizaban estos murales) que tienen más presencia en este trabajo de Villavicencio. Más que una inspiración, me parece que las coincidencias vinieron a confirmar intenciones que el artista venía persiguiendo de tiempo atrás: no es que haya tomado el color de lo huichol, sino que lo huichol le confirmo la solidez de su sentido.

Cabe destacar el uso que hace de algunos pigmentos de rápido deterioro (la fluorescencia) que pone en tensión la idea de perdurabilidad en un medio que aspira a la estabilidad. Para resolverlo, Villavicencio ha dejado instrucciones para reponer de manera periódica ciertos trazos. Así, la idea de permanencia se entiende a través de la aceptación de lo transitorio y la renovación. Es aquí, más que en la apropiación de las superficies, que el proyecto se vincula con la casa, que es en sí, un ejercicio de restauración.[4]

El uso que hace de la pintura mural, mayormente al buen fresco, ha sido abordada, no desde la nostalgia, sino desde una profunda reflexión del medio y de sus posibilidades discursivas. El encuentro ha sido muy afortunado. Pienso, por ejemplo, en la superficie violentada derivada del décollage. El contraste en la luminosidad y la diferencia en el tacto visual, enfatizan las cualidades pictóricas del medio.

El fresco sobre tezontle que acompaña este texto fue realizado al inicio de esta intervención. En el centro de la sala, a manera de detonador, un último fresco acompaña al espectador. Es interesante notar lo que ha sucedido entre uno y otro. En este recorrido, se resumen todos los aprendizajes que Transcapes ha dado a Allan Villavicencio, y a la práctica de la pintura actual.

Andrea Bustillos Duhart

Álvaro Castillo

[1] Edificio del siglo XVII, Centro Histórico, Cdmx, México

[2] Como su reciente exposición In search of the green ray, Maëlle Galerie, París, 2019

[3] Exposición “Los juguetes de los Dioses” en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, México, 2019

[4] Edificio restaurado por el Arquitecto Juan Urquiaga

In 2009, was held in this venue[1] the show Intervención 001, Academia 14. Twelve artists made an intervention in the house; the pieces –as Cuauhtémoc Medina pointed out in his text on this exhibition– explored pictorial methods differing on the alleged orthodoxy. Eleven years ago, painting was perceived as a “relatively decaying media”. Nevertheless, the exhibition had positive results due to the seriousness of its approach. Today the situation is different, both for painting and for the artistic scene in Mexico City.

In this context, Allan Villavicencio created a pictorial experience that goes through a chronicle of an interior landscape, felt from the sight and the body. Transcapes plays with elements from his recent practice, this time in a permanent intervention. The features of the space were addressed from the tension between the two main walls–united by the side tears and the chromatic echoes of the beams that connect them. This is not an immersive tour[2]; it is the experience of living between two worlds that project each other, two worlds escaping towards opposite cardinal points. The symbols used do not follow a religious order or an ideology. Rather they pick up on the shamanic –not in its intentions, but its ways. The same happens with color. Both things have been activated intuitively, distanced from rational knowledge or color theories.

This area hosts many cultural sites, some of which could have been an influence on the project. Pieces of Mesoamerican, colonial, and modern mural painting can be consulted within a short walk distance. However, the huichol images (exhibited in the Museo Nacional de las Culturas del Mundo[3] while these murals were being made) are very present in this work. More than an inspiration, to me these coincidences confirmed the intentions that the artist had been chasing for: It is not that he took the colors from huichol art, but that huichol art strengthen its sense of being there.

The use of fast-wearing pigments (fluorescence) should be noted as well as the tension it creates with the concept of durability in a medium that aspires towards stability. To tackle it, Villavicencio left instructions to periodically repaint specific strokes. This way, the concept of permanence can be understood as the acceptance of transitions and renovation.  This is how the project connects to the house (more so than through the appropriation of its surfaces), which is a restoration project[4].

The use of mural painting–mainly with buen fresco –was not approached from nostalgia, but from a deep reflection on this media and its discursive possibilities. The encounter was a fortunate one. The surface savaged by décollage comes to my mind. The contrast in brightness and the different visual surfaces highlight the pictorial qualities of the media.

The fresco on the tezontle shown with this text was created at the beginning of this intervention. In the center of the space –acting as an igniter – one last fresco accompanies the spectator. It is interesting to notice what happened between one and the other. This journey summarizes all of the lessons that Transcapes gave Allan Villavicencio and the current painting practice.

Andrea Bustillos Duhart

Álvaro Castillo

[1] XVII century house, Historic Center, Mexico City, Mexico

[2] As in the case of his recent show In Search of the Green Ray at Maëlle Galerie, Paris, 2019

[3] Los juguetes de los dioses in the Museo Nacional de las Culturas del Mundo, 2019

[4] The house was restored by architect Juan Urquiaga